Investigación

La economía española se encuentra en un momento extremadamente delicado. La actual crisis internacional nos ha golpeado con especial virulencia debido, en gran medida, a las limitaciones de nuestro modelo de crecimiento anterior (pérdida de productividad y competitividad, alta dependencia de la financiación exterior y una burbuja inmobiliaria que ha absorbido una parte excesiva de la financiación provista por el exterior). Los resultados son desalentadores:

  • Niveles de desempleo dramáticos especialmente entre los jóvenes.
  • Fuerte desequilibrio fiscal, con un déficit público que en 2010 alcanzó el 9,2% del PIB, del que se estima que más del 40% es déficit estructural.
  • Sector financiero vulnerable y con necesidades de recapitalización aún no cubiertas.
  • Clara desconfianza de los mercados internacionales en nuestra capacidad de reacción y recuperación, que ha provocado costes de financiación de nuestra deudacada vez mayores.

En este contexto, las prioridades a las que se enfrenta el Gobierno para responder tanto a las expectativas internas del país como a las de nuestro entorno están claras: restablecer la estabilidad económica, asegurar un estado del bienestar sostenible y asegurar la vuelta al camino de crecimiento.

Si bien, las prioridades están claras, abordarlas va a requerir que el nuevo Gobierno se embarque en una gran trasformación del país que implicará actuar en múltiples frentes – muchos de ellos transversales y complejos – de forma paralela y urgente. Debe definirse por tanto una agenda de reformas profundas, algunas de las cuales tendrán que lanzarse, y el resto detallarse, en los 100 primeros días del nuevo Gobierno. De lo contrario existe una elevada posibilidad de que entremos en una espiral descendente imparable de pérdida de confianza: el nuevo Gobierno tiene que tomar decisiones inmediatas y avanzar en la definición de la agenda de reformas desde el primer día.

La experiencia del sector privado y de otros países demuestra que una transformación de este calado no es fácil; de hecho, el 70% de las transformaciones empresariales fracasan, principalmente debido a que la estructura organizativa no es la adecuada. En el caso de la transformación en España, será necesario llevar a cabo un número elevado de iniciativas en paralelo y a un ritmo rápido, necesitando además, particularmente en el contexto de una gestión descentralizada con competencias y niveles de gastos transferidos, el alineamiento de las partes involucradas (Ministerios, Administraciones centrales y regionales/locales y gran parte de la sociedad). Adicionalmente, habrá que hacer frente a importantes barreras, como la actual desconfianza y malestar social, que podría desembocar en rechazo de medidas concretas del plan de transformación o de éste en su totalidad, y el continuo escrutinio público y de los mercados que dará, como mucho, un corto “periodo de gracia” al nuevo Gobierno.

El tamaño de este reto implica que no nos podemos permitir hacer las cosas de la forma habitual. El objetivo de este documento es ilustrar las principales lecciones aprendidas de otras experiencias internacionales a la hora de abordar una transformación de este calibre. Sintetizamos estas lecciones en cuatro ideas clave para el éxito: (i) una visión ambiciosa y motivadora para el país, que se declina en 3-5 temas, (ii) un plan global para lograrlo que, preparándose para lo peor, detalle las iniciativas asegurando que son – y son percibidas como – “justas”, (iii) una nueva forma de gestión por proyectos facilitada por una unidad central y (iv) un fuerte liderazgo. En este documento hacemos una breve síntesis de los temas clave en cada una de las áreas prioritarias del programa de transformación, para enfocarnos a continuación en ilustrar, basándonos en experiencias internacionales, los principales factores asociados a cada una de las cuatro ideas clave para el éxito de una gran transformación.

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