Estudios de Economía Española

Efectos en salud del subsidio por desempleo para mayores de 52 años

Fedea pública dentro de la colección Estudios sobre la Economía Española el documento “Long-term unemployment subsidies and middle-age disadvantaged workers’ health” de José Ignacio Garcia-Pérez (Universidad Pablo Olavide & Fedea), Manuel Serrano-Alarcón (NOVA University of Lisbon & Universitat Pompeu Fabra) y Judit Vall Castelló (Universitat de Barcelona, IEB & Universitat Pompeu Fabra).

La mayoría de la investigación sobre los efectos de las prestaciones por desempleo se centra únicamente en sus consecuencias en el mercado de trabajo y el nivel de renta del receptor. Sin embargo, las ayudas al desempleo pueden tener también efectos en otras dimensiones del bienestar, como por ejemplo la salud. Por un lado, un subsidio por desempleo podría aliviar los efectos negativos que el desempleo tiene en la salud, especialmente en la salud mental. Además, el hecho de tener garantizado el acceso a un subsidio por desempleo puede evitar que los trabajadores acepten trabajos con baja salud ocupacional y alto riesgo de accidentes de trabajo y lesiones. Por el lado negativo, los subsidios por desempleo pueden desincentivar la búsqueda de trabajo y perpetuar la situación de desempleo y reforzar los efectos negativos del desempleo sobre la salud. 

En este trabajo proporcionamos evidencia sobre los efectos de un subsidio para desempleados de larga duración en la salud. Para ello, estudiamos una reforma en el subsidio para desempleados de larga duración de mediana edad de España, llevada a cabo en  julio de 2012. Esta reforma aumentó la edad mínima requerida para acceder a dicho programa de 52 a 55 años.  Este subsidio, de 430 euros mensuales, está especialmente diseñado para alcanzar a trabajadores que se acercan a la edad de jubilación y que tienen importantes dificultades a la hora de reintegrarse en el mercado de trabajo. Por lo tanto, en términos de políticas públicas de salud este es un segmento muy relevante de la población, ya que su estatus laboral y social les hace más proclives a tener un estado de salud potencialmente peor.

La reforma hizo que cohortes similares de individuos quedaran como elegibles o no para acceder al subsidio en función de su fecha de nacimiento. Concretamente, aquellos que cumplieron 52 años justo antes de la reforma (julio de 2012) pudieron acceder al subsidio desde 2012, mientras que los que cumplieron 52 años justo después de la reforma no pudieron acceder al programa hasta, como mínimo, el año 2015, cuando alcanzaron la edad de 55 años. Este es el “experimento cuasi-natural” que utilizamos para estimar el efecto del acceso al subsidio en el mercado de trabajo primero, y en la salud después. En particular, usamos un modelo de triple diferencias, comparando las cohortes elegibles para acceder al subsidio a la edad de 52 años con aquellos que no tuvieron acceso hasta los 55 años. Como fuentes de información usamos la Muestra Continua de Vidas Laborales, la Encuesta de Morbilidad Hospitalaria del INE y la Base de Datos Clínicos de Atención Primaria. 

Nuestros resultados indican, en primer lugar, que la reforma efectivamente afectó a la probabilidad de recibir el subsidio. La cohorte de hombres elegibles aumentó la probabilidad de recibir el subsidio en casi 4 puntos porcentuales, siendo este aumento menor para las mujeres (2.5 puntos porcentuales). Además, esta cohorte disminuyó significativamente la probabilidad de estar fuera del mercado de trabajo. Por lo tanto, la principal alternativa al subsidio era estar fuera del mercado de trabajo, es decir, sin un trabajo formal y sin cualquier otro tipo de subsidio o prestación por desempleo.

Pasando a los efectos en hospitalizaciones, nos centramos en los diagnósticos que, de acuerdo a la literatura, pueden ser más afectados por el subsidio de desempleo y la situación laboral: la salud mental y las lesiones. En el caso de los hombres, aquellos que tuvieron derecho a acceder al subsidio redujeron las hospitalizaciones por lesión alrededor de un 12%.En mujeres, sin embargo, no encontramos ningún efecto para este tipo de hospitalizaciones. Igualmente, en el caso de hospitalizaciones relacionadas con problemas de salud mental los resultados no son estadísticamente significativos para ninguno de los sexos.

Este último resultado es esperable teniendo en cuenta que solo una pequeña parte de las personas con problemas de salud mental acaban hospitalizadas. Es por ello que además utilizamos datos sobre diagnósticos de problemas psicológicos en Atención Primaria, que resulta un evento con mayor incidencia que las hospitalizaciones. En este caso, se repite el mismo patrón de género que el encontrado en las hospitalizaciones por lesión. En los hombres elegibles para el subsidio, observamos una reducción en la probabilidad de ser diagnosticado con algún problema psicológico de alrededor de 3 puntos porcentuales, mientras que no se observa ningún efecto sobre las mujeres.

Estos resultados muestran, primero, que la reforma tuvo un efecto sobre la probabilidad de recibir el subsidio, siendo los hombres significativamente más afectados. Además, aquellos que dejaron de ser elegibles para el subsidio por el aumento de la edad mínima, tuvieron como principal alternativa dejar el mercado de trabajo formal. 

En términos de salud, el acceso al subsidio disminuyó las hospitalizaciones debido a lesiones de los hombres. Usando los datos de su vida laboral, vemos que los hombres receptores del subsidio trabajaban en trabajos físicamente más exigentes y, en general, con una menor salud ocupacional y mayor riesgo de accidentes, como por ejemplo el sector de la construcción. Por lo tanto, a priori, la principal alternativa de ingresos al subsidio para estas personas se encuentra en este tipo de trabajos, ya sean en el sector formal o informal de la economía.

Para el caso de la salud mental, el subsidio parece tener un efecto protector en la salud mental de los hombres, medida esta como la probabilidad de ser diagnosticado de algún problema psicológico. De nuevo, no encontramos ningún efecto para las mujeres. Tales diferencias por género pueden responder al hecho de que las mujeres estuvieron menos expuestas a la reforma que los hombres, es decir, su probabilidad de recibir el subsidio estuvo menos afectada por la reforma.En definitiva, nuestros resultados son un ejemplo de como las políticas laborales pueden tener importantes efectos sobre la salud, a pesar de no ser inicialmente diseñadas con ese objetivo. Por lo tanto, tales efectos deberían ser tenidos en cuenta a la hora de elaborar las correspondientes políticas públicas.

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